Hace exactamente 62 años -el 6 y 9 de agosto de 1945- cuando la SGM estaba llegando a su fin, fueron arrojadas dos bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Kagasaki. En esta nota especial de Clarín se recuerda la tragedia. Me pareció muy interesante por el testimonio de dos sobrevivientes que rehicieron sus vidas en la Argentina.
A Yoshie Kamioke la demora de un tranvía la salvó de morir en Hiroshima. Daisuke Miura tenía un año cuando estalló la bomba sobre Nagasaki. Ambos reconstruyeron sus vidas en la Argentina. Recuerdos en primera persona.
A partir de 1945, las fechas 6 y 9 de agosto adoptarían el rótulo de días trágicos y referenciales para la historia mundial. En la mañana del lunes 6, el bombardero estadounidense “Enola Gay” inauguraba, en guerra, la primera detonación de una bomba atómica, que fue lanzada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Se estima que la explosión dejó una cifra inicial de 140 mil muertos, y todavía hoy continúa muriendo gente por las consecuencias de la radiación que liberó Little Boy, el nombre que los militares norteamericanos eligieron para su bomba. Sólo tres días pasaron para que ocurriera nuevamente, también en territorio japonés. Fat Man, la segunda bomba atómica fue lanzada sobre Nagasaki, aunque su destino era Kokura. Inmediatamente se contabilizaron más de 70 mil muertos. En tanto, otros cientos de miles fallecieron en meses y años sucesivos.
Esta semana se cumplen 62 años de las tragedias. Clarín.com logró reunir a dos sobrevivientes, que hoy asentados en la Argentina, recuerdan cómo fueron los momentos previos y posteriores a sus 6 y 9 de agosto de 1945, respectivamente.
Daisuk Miura vivió casi 17 años en Nagasaki. Al momento de la explosión, aún no había cumplido un año. Todos los detalles que contó fueron comentarios que recolectó de su familia. Ahora tiene 62 y a pesar de su reservada personalidad se puso a recordar.
-¿Qué sabe del momento previo a la bomba?
Todo lo que puedo decir lo sé por lo que me contaron mis hermanas. Nosotros vivíamos a tres kilómetros del centro de Nagasaki, en la casa de mi abuelo materno. La bomba explotó en el centro de la ciudad, a las once de la mañana, justo antes de que empezáramos a almorzar.
-¿Y luego del estallido?
En ese momento se escuchó una explosión estruendosa. Hubo varios destellos y se rompieron todos los vidrios de la casa. Nadie se imaginaba qué era lo que estaba ocurriendo. Después, comenzó a soplar el viento muy fuerte, apareció en el cielo un hongo de humo, se nubló y empezó a llover agua contaminada.
-¿Cómo resultó afectada su familia?
Como la ciudad tiene muchas montañas, y estábamos bastante alejados del centro, la energía y el calor de la bomba no afectaron. La fuerza de la bomba y la radiación no nos provocaron daños físicos importantes. No obstante, tuvimos muchos amigos y conocidos que murieron evaporados instantáneamente o luego de sufrir quemaduras terribles.
-Tras la explosión, usted continuó viviendo en Nagasaki. ¿Cómo recuerda ese período?
Había mucha pobreza. Yo era muy chiquito y no llegué a pasar hambre, pero mi familia sí. No había vestimenta, y el principal problema era que la comida escaseaba. En la escuela primaria todos mis compañeros estaban en una situación complicada. Me acuerdo que allí, durante los almuerzos, nos daban leche que paradójicamente era donada por el gobierno norteamericano. Y, para adquirir comida, cada familia tenía una libreta alimenticia, que permitía adquirir un poco de arroz.
-¿Por qué decidió venirse a vivir a Argentina?
Nos vinimos con toda la familia en 1962, justo cuando el país comenzaba a reactivarse. Mi papá quería vivir en un país más grande que Japón. Nosotros teníamos un tío en Paraguay, y él nos hizo el contacto para que pudiéramos llegar. En un principio, el destino fue Misiones. Allí nos dedicamos al cultivo del tabaco. Pero de a poquito nos fuimos mudando hacia Buenos Aires.
Yoshie Kamioke tenía 18 años cuando sobrevivió al estallido de la bomba de Hiroshima. Hoy, a los 81, todavía sólo habla japonés. “Estados Unidos arruinó mi juventud, la de mis amigos y a mi familia”, asegura con bronca. Y los detalles de los momentos previos y posteriores a la detonación son secuencias imposibles de olvidar.
-¿Qué recuerdos tiene del lunes 6 de agosto de 1945?
Faltaban cuatro días para que cumpla los 19 años. Estaba yendo a trabajar. Me encontraba en la estación de tranvías “Hiroshima”, a veinte cuadras de la explosión. Eran las 8.10 de la mañana. A esa hora debía pasar el tren que me llevaría al centro, la zona en que minutos después cayó la bomba. Por casualidad, sucedió que el tranvía se retrasó y no alcancé a tomarlo. Creo que a las 8.15 se produjo la explosión. Yo todavía seguía en el andarivel y me salvé de milagro.
-¿Luego qué ocurrió?
Apenas explotó la bomba vi una luz muy fuerte. Posteriormente perdí el conocimiento. Cuando me desperté estaba tirada en el piso, a unos cuántos metros desde donde estaba antes de la detonación. El cielo se mostraba oscuro, y de a poco se aclaraba. No entendía muy bien qué era lo que pasaba. Por al lado mío pasaba mucha gente gritando y pidiendo médicos. Recuerdo ver personas que tenían toda la ropa quemada, con los ojos ensangrentados y el pelo blanco.
-¿Qué hizo en ese momento?
Con mucho esfuerzo me pude levantar. Me acordé de mi familia y me volví para mi casa. Era un trayecto que me demandaba veinte minutos. No me olvido que toda la ciudad ardía y que tardé tres horas en llegar. Cuando lo hice, pude constatar que mi familia estaba bien. En casa todos los vidrios estaban rotos. Yo me sentía sin fuerzas y me tiré en el suelo a dormir.
-¿Qué heridas sufrió?
Estaba toda hinchada, tenía muchas quemaduras y secreciones. Mi madre consiguió un médico que, por única vez, me dio una pomada que me alivió. Pero no había insumos, y tuvimos que arreglarnos con lo que podíamos. Aún me acuerdo del dolor de las lesiones. Era terrible, porque tenía carne viva en todo el cuerpo.
-Después de la explosión, ¿cómo recuerda la ciudad?
Estaba destruida por completo. No había comida en ninguna parte. Nosotras subsistíamos con una “huertita” que teníamos en el fondo de casa, pero la principal comida era el arroz, y no había. Sólo se podía conseguir en el mercado negro o comprándole, a bajo precio, al Estado. Había mucha gente que para comer robaba o recurría a los trueques.
-Usted también se quedó. ¿Cómo intentó normalizar su vida en Hiroshima?
Tres años después comenzó la construcción de la ciudad. Los hombres que habían ido a la guerra volvieron. En ese lapso volví a trabajar para el gobierno. Ya estaba casi curada de las quemaduras, pero la gente me veía y me señalaba las cicatrices. Eso fue difícil. Me daba mucha vergüenza.
-¿Por eso se vino a la Argentina?
Luego de la bomba ya no quise saber nada con la ciudad y me había hecho a la idea de irme. Tenía una tía que ya vivía aquí, en Munro. Mi madre no quería que me fuera. Pero bueno, la convencí y a los 29 años salí de Japón. Aunque al principio me costó, ahora estoy bien, en paz.
A Yoshie Kamioke la demora de un tranvía la salvó de morir en Hiroshima. Daisuk Miura tenía un año cuando estalló la bomba sobre Nagasaki. Ambos reconstruyeron sus vidas en la Argentina. Recuerdos en primera persona.
[Fuente: Diario Clarín]









