La danza ya había alcanzado un grado de evolución muy importante antes de que la poesía y la pintura tomaran forma.
Las escrituras budistas frecuentemente describían al Buda utilizando el canto y la danza para exponer su Fa (ley) a los seres humanos. También fomenta a aprender las capacidades técnicas del canto y la danza para ayudar a la salvación de los seres. Los seres divinos utilizaban sus danzas para mostrar la inmensidad del Fa, y el silencio para declarar su profundidad.
En la dinastía Tang, se destacaban las danzas Pu Su Man, Tian Zhu, y Su He Xiang entre otras, demostrando su influencia en la religión budista; donde enriquecían las ceremonias y rituales. La música y las danzas budistas llegaron a Japón pasando por la India, y las regiones occidentales y centrales de China. En Japón, se combinaban con los rituales budistas y formaban una clase de música y danza especial. En estos rituales, las bailarinas evolucionaban lenta y libremente en el centro de la escena.
Además la historia confirió a cada grupo étnico una orientación y una única lengua corporal. Los bailarines de Shen Yun han hecho revivir el arte tradicional chino que desde hace mucho tiempo se había perdido.
En términos de técnica, la danza china, con su orientación y sus movimientos, es resultante de la antigua cultura china. Los ritmos y los movimientos del cuerpo son incomparables y únicos. Bailando según un ritmo cíclico aunque variable e imprevisible, los gestos de manos del artista, la torsión y la ondulación de su cuerpo y el trazado de sus pasos se asemejan mucho a una elipse. La danza refleja la rotación y la repercusión de un ritmo rico y armonioso, y cada pausa indica un nuevo principio. Así el principio y el final de las danzas se conectan con naturalidad y suavidad. Las largas mangas de seda, características de los trajes de danza chinos, representan ampliamente el esplendor palpable del “círculo” en movimiento perpetuo de la vida. Con movimiento de brazos que vuelan, las bailarinas dibujan innumerables circunvalaciones y círculos de respiración como las nubes y el humo. Haciendo eco al paisaje pintado sobre el telón de fondo, el ritmo que deja sin respiración y sin embargo intangible, lleva a pensar que “semejante danza sólo puede existir en el cielo”.
Los bailarines describen la elevación original de la civilización antigua en la historia. Sus cuerpos manifiestan el sentido de la realidad y de la profundidad que tanto falta en la sociedad moderna, despertando antiguos recuerdos. La danza, que tiene desde el principio de la civilización humana la sagrada función de abrir la sabiduría, nos presenta ahora al tiempo antiguo, cuando el cielo y la tierra y las miríadas de cosas formaban una alianza.
Info: La Gran Epoca, por Xia Dao
Imágenes: Danheller,Cineclub










