Tsugumi, de Banana Yoshimoto

Lo que tiene de cautivante esta novela de Yoshimoto es la descripción de aquello que no se cura: el carácter. Tsugumi es eso: un cuerpo hermoso, angelical y un carácter explosivo. Tsugumi es la encarnación de la furia hasta límites inimaginables, casi siniestros. Y aunque la narradora es María -su doble y su opuesto-, el centro está en Tsugumi. Todo gira alrededor de ella.

El tema, sin embargo, es otro: es la nostalgia por el fin de un tiempo infantil, de ese tiempo-espacio al que no se podrá volver. No tanto a una edad sino a un estado: el de la inocencia y el del calor de lo familiar. Y la novela va desplegando uno a uno, los momentos de la despedida. La imagen que elige la autora es la del deshielo: eso que se observa inminente, inevitable, sin retorno.

“Durante diez años, yo había vivido protegida por una especie de velo entretejido de diversas cosas. Pero no fui conciente del calor que me proporcionaba hasta que salí de debajo de el”.

Cuando comenzamos a leer, el velo ya fue movido. La autora recrea ese movimiento para el lector, nos lleva hasta el lugar en el cual el tiempo infinito, eterno, de la infancia es soltado -no sin dolor- para dar lugar a la historia.

Tsugumi, de Banana Yoshimoto, Bs. As., Tusquets, 2008