Sueño profundo – Banana Yoshimoto

“¿Desde cuándo me duermo así cada vez que estoy sola? El sueño me invade como la pleamar. Y no puedo resistirme. Es un sueño profundo, sin límites; ni el timbre del teléfono ni el ruido de los coches que pasan por la calle llegan a mis oídos. No siento dolor ni soledad. El mundo del sueño es cuanto existe.”

Sueño profundo es un relato casi perfecto de lo que significa ser tomado por el sueño cuando lo que ofrece el mundo exterior es soledad y vacío. Terako, la protagonista, sale con un hombre casado, perdió a su mejor amiga, dejó de trabajar y durante el día se abandona al sueño, se deja arrastrar por el inquietante deseo de dormir. No se trata de una decisión deliberada sino de ser poseída por el sueño, lentamente, poco a poco, durante el día. Sentir el deseo de dormir cuando el sol quema en la piel y … deslizarse bajo las sábanas hasta el despertar.

Pero ese despertar no se produce fácilmente. El teléfono no se oye. Los ruidos exteriores no se oyen. Lo único que despierta a Terako es el timbre del teléfono cuando es su novio el que llama; ¿cómo lo distingue? Cuando es el señor Iwanaga el teléfono posee un timbre inconfundible. No es que ella perciba una diferencia en ese sonido sino más bien que ella lo espera, espera ese llamado como el último lazo con el mundo exterior. ¿Qué es lo que provoca ese sueño profundo? ¿Qué significa el sueño?

Por un lado, Terako comienza a advertir que el silencio de él, la falta de expectativas en la relación que ellos mantienen, el lugar que le queda a ella en su vida, le producen una profunda soledad. El de ellos es un amor que se sostiene en la soledad pero del que no pueden sustraerse. En ese punto se advierte que el sueño profundo no es sólo el sueño de Terako. O que su sueño sólo es una consecuencia, un elemento mínimo en un escenario más amplio en el que el sueño es compartido. El sueño compartido alude al extraño trabajo de su amiga (quien se acostaba con hombres que sólo querían dormir con ella, dormir acompañados, cuidados por ella), pero también sueño compartido es el sueño que enlaza a Terako con Iwanaga. Los dos enmudecen y duermen juntos cuando están despiertos. Lo que Yoshimoto logra realizar de una manera sublime en este relato es la inversión de las coordenadas entre sueño y vigilia. Finalmente, uno advierte que el sueño profundo es el que los personajes mantienen cuando están despiertos, durante el día.

Lo extranjero, lo indescifrable no es la noche sino la luz del sol. Lo insondable es caminar por las calles y cruzarse con gente que va a trabajar, que vive su vida cotidiana, que tiene objetivos. Ellos permanecen en los bordes de ese mundo. Y ella lo sabe:

“A él le gusta que yo permanezca siempre en mi habitación, sin trabajar, viviendo sumida en el silencio, y que, cuando quedamos, nos encontremos por las calles como si fuéramos la sombra de un sueño”.

Es durante la noche, cuando duermen, que se encuentran en la mirada muda. En la noche todo parece posible. Claro que esa inversión arrastra profundos sentimientos de soledad, de temor, de caída del deseo. Hay cierto giro en la historia –que es la apuesta fuerte de Yoshimoto- que arranca a Terako del sueño profundo y le devuelve la esperanza. Pero esa inversión no se produce antes de haber llegado hasta el fondo de esa profundidad oscura. Cuando ya ni siquiera despierta con los llamados de su novio, se cuela una propuesta imprevista. ¿El azar? No.

“Aunque esto no sea más que la pequeña historia de una resurrección, la historia de las pequeñas olas que habían embestido mi corazón por la pérdida de una amiga y por mi cansancio de la vida cotidiana, pienso que el ser humano es fuerte. No recuerdo si esto me había sucedido con anterioridad pero cuando me enfrenté a las tinieblas de mi corazón, cuando me sentí herida en lo más hondo y me rompí en pedazos, exhausta, de improviso emergió de mi interior una fuerza inexplicable”.

Terako regresa al mundo a partir de una oferta laboral pero también podría decirse que no fue casual que dijera sí cuando quería decir no. Tuvo que haber llegado hasta el fondo, como en Murakami, hay en el relato cierta idea de un “autoexorcismo”, de una liberación de la muerte, de la enfermedad, etc., por cierta vía natural. Atravesar el sufrimiento hasta que ya no quede nada y despertar.

Tusquets Editores

Foto tomada por Uchina

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