Las flores del cerezo – Doris Dörrie

“Como en una ciudad nocturna, en ciertos momentos se filtran en el cuerpo las sombras, los fantasmas, los duendes que el libro de anatomía no testimonia” (Elina Matoso)


Definitivamente, esta película es excelente. Se trata de Las flores del cerezo (Kirschbluten Hanami, 2008) de la directora alemana Doris Dorrie. La película está inspirada en otra gran película: Tokio Monogatari (1953), de Yasujiro Ozu (1903-1963). Toda la primera parte del filme es una versión de aquella película clásica del cine japonés. Una versión personal de Dorrie, casi un diálogo con Ozu. Quizás, uno de los homenajes más notables al director japonés. Muchos directores, en los últimos años, se propusieron homenajear a Ozu y, lamentablemente, en general, el producto de esos intentos resultó pobre. No es este el caso. Al contrario, Dorrie le permite al espectador vivenciar, rozándolo, el aroma de las escenas de Ozu. El espíritu de Tokio Monogatari está retratado de una manera auténtica.

Pero cuando creíamos que el filme se agotaba allí (lo cual ya era todo un mérito porque logra un clima verdaderamente bello), sucede algo inesperado para el espectador: comienza la película. Es decir, aparece la mirada de Dorrie, desplegando otros problemas, haciendo sus propias preguntas. Se trata del tema de la muerte y del cuerpo erógeno, del cuerpo del placer, del cuerpo deseante. Y esto está desplegado de manera intensa, inteligente. Nombrar la muerte y el cuerpo erógeno en una misma oración suena extraño… pero es eso.

¿El deseo nos trasciende? La pregunta es qué le sucede a una mujer que advierte que tiene un deseo intenso que no pudo realizar; incluso: qué le sucede si además advierte que la muerte es una posibilidad real, cercana (la muerte del otro, dado que de la propia es imposible saber). El deseo aparece nombrado bajo la forma de un anhelo: visitar el Monte Fuji pero, en realidad, el deseo no tiene nombre, es todo lo que dejó atrás al dedicarse exclusivamente a su familia: la música, el mar, la flor del cerezo, su cuerpo deseante. El cuerpo constituye el nudo de la película. Aparece entonces la apelación a la danza Butoh.

La danza Butoh (danza de la oscuridad o danza de las tinieblas) tiene raíces en el teatro Kabuki y en el teatro Noh. Es una danza contemporánea desarrollada por Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno, que reconoce influencias de movimientos europeos como el surrealismo y el expresionismo alemán. El Butoh se vincula a la vida y a la muerte. Es una danza bella que puede bailarla alguien que no es bailarín profesional, basta tener sombra. Alcanza con tener alguna herida en el corazón.

¿Qué le sucede a un hombre que advierte que ha vivido sin un deseo intenso toda su vida? Sucede que se encuentra con la oportunidad de tenerlo. Es cierto que la trama de la película es una despedida, un desprendimiento, un dejar ir. Pero también hay encuentro, apertura, oportunidad.

Vale la pena detenerse, especialmente, en la música.

 

Notas relacionadas:

Butoh

Sobre el filme

Entrevista a Dorrie – Página 12

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