La marca

“-Georgiana. -dijo él- ¿No se te ha ocurrido nunca que podría eliminarse la marca que tienes en la mejilla?
-La verdad, no -contestó ella sonriendo; pero al darse cuenta de la seriedad de la actitud de Aylmer se sonrojó-. Tantas veces me han dicho que resultaba atractivo que en mi simpleza imaginé que lo era.
-Ah, quizás lo fuera en otro rostro -respondió el marido-, pero nunca en el tuyo. No, mi queridísima Georgiana, saliste tan perfecta de la Naturaleza que este ligerísimo defecto, que dudamos si llamar defecto o belleza, me sorprende, por ser la señal visible de la imperfección terrena.
-¿Te sorprende, esposo mío? -añadió Georgiana levantando la voz y sintiéndose herida; al principio enrojeció por la cólera momentánea, pero luego estalló en llantos-. ¿Por qué me apartaste entonces del lado de mi madre? ¡No puedes amar lo que te sorprende!

Para explicar esta conversación debe mencionarse que en el centro de la mejilla izquierda de Georgiana había una marca singular profundamente entrelazada, por así decirlo, con la textura y sustancia de su rostro. En el estado habitual de su tez (una lozanía saludable aunque delicada) la marca tenía un tono carmesí profundo. Cuando se sonrojaba perdía gradualmente definición hasta que desaparecía en el torrente triunfante de sangre que bañaba con brillo la mejilla entera. Pero si alguna emoción cambiante la hacía palidecer, allí estaba de nuevo la marca, una mancha carmesí sobre la nieve, con una claridad que a Aylmer le parecía a veces casi temible. Su forma guardaba no poca similaridad con una mano humana, aunque del tamaño más diminuto. Los enamorados de Georgiana acostumbraban a decir que en el momento de su nacimiento algún hada había puesto su mano diminuta sobre la mejilla de la recién nacida, dejando allí esa huella en señal de los dones mágicos que le daban ese dominio sobre todos los corazones.”
(La marca de nacimiento; Nathaniel Hawthorne, 1804-1864)

En una primera lectura la marca es el un signo de la imperfeccion humana. Pero no se trata tan sólo de eso. Si continuamos leyendo la historia de Hawthorne, sabremos que la marca de Georgiana, en si misma, no posee ninguna significación. Es su amado quien se la atribuye… en realidad, su amado le atribuye a la marca de Georgiana el sentido que para él mismo tiene su propia marca, invisible. Es eso. A él se le vuelve insoportable ver en ella, como en un espejo, un rasgo sin sentido que podría conducirlo al abismo.

La marca es signo de que hay algo en la relación entre los dos que no los completa, no les permite ser Uno. La marca impide hacer uno de dos. Como si fuese una operación matemática, hay una imposibilidad que uno de los personajes quiere abolir y es al precio de la muerte.

En Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, de Haruki Murakami, en cambio, la marca es un quiebre real. Es el signo en el cuerpo de una crisis, de la ruptura de la realidad. Es el pasaje al otro lado de sí mismo. Allí no hay otro. Quizás la marca es el otro, el doble, aquello que le recuerda quién es él verdaderamente. Quién es. Quién quiere ser. La marca es recuerdo en acto. Impide olvidar.

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