Rebelión en las puertas del clan

Jôi-uchi: Hairyô tsuma shimatsu (Rebelión -1967) es, en mi opinión, una de las mejores películas de Masaki Kobayashi. Amo a este director. Plantea cuestionamientos brutales y las resoluciones siempre son conflictivas para el espectador. Todo lo contrario de lo que encuentro en otro director “clásico” admirable, Akira Kurosawa. En este sentido, veo a Kobayashi como el aguijón del cine japonés de posguerra.

Ambientada en el Japón del Shogunato (1725), Rebelión refleja la problemática de un samurai que debe decidir entre el amor por una mujer o la obediencia al Daimyo. Esto hace que deba enfrentarse -con el apoyo incondicional de su padre- a la sólida estructura del clan Aizu. Toshiro Mifune representa al padre y prácticamente protagoniza la historia. Su papel es bastante curioso: se trata de un samurai de prestigio que siempre siguió las reglas, que obedeció ciegamente a su mujer durante veinte años. Y, sin embargo…

La pregunta que plantea el director es aguda: ¿es posible romper con la legalidad del clan, o incluso, es posible salir del clan? ¿qué hacer cuando dicha legalidad se opone a una elección individual? La figura del héroe trágico es construida por Kobayashi bajo la forma de la contradicción. En este sentido, los personajes son modernos: los sentimientos son ambivalentes, contradictorios, paradójicos.

Hay otra línea interesante: el lugar que ocupan las mujeres en la historia -y en la estructura familiar en cuestión-. Tanto que podría preguntarse de quién es la rebelión… la dama del señor (una especie de Julieta shakespeareana japonesa) es una figura central del filme, si se lee este otro costado de la trama: es ella quien primero se enfrenta al señor, quien decide incorporarse a la familia del samurai y, finalmente, quien se niega a volver al castillo del Daimyo.

La escena final ocurre alrededor de un gran portón. Allí se divide el espacio… y la ley. Allí se define la historia. Representa el límite del clan. Si se atraviesan esas puertas, se habrá quebrado el orden, si no se atraviesan, todo queda dentro del clan…*

La nota pertenece a Uchina y fue publicada anteriormente; la volvemos a publicar con motivo del ciclo de cine 2010.

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