Esperando a Norwegian Wood

Es apresurado. Pero dado que ya está estrenándose en Japón la adaptación cinematográfica de Tokio BluesNorwegian Wood (novela de Haruki Murakami), es difícil no querer, al menos, espiar el trailer. En Uchina publicamos allá por 2008 una nota relacionada con la noticia de la película, comentando la novela. Pero lo que vamos a ver es una adaptación, una reescritura de la novela. Una lectura muy particular que es la del director franco-vietnamita Tran Anh Hung. Los protagonistas serán los actores japoneses: Kenichi Matsuyama (Toru Watanabe) y Rinko Kikuchi (Naoko), quien partició de “Babel” de Alejandro González Iñárritu.

Resulta difícil cuando alguien lee un libro que lo impacta mucho, pasar a la imagen y mucho más, es inevitable confrontar a los personajes que hemos construido a partir de la lectura con los personajes e imágenes del filme. Una experiencia en la que es posible anticipar cierto grado de decepción. Decepción producto de un desencuentro inevitable. Nuestra construcción y la del director.

Podría, ya después de haber visto el Trailer escribir una nota sobre las impresiones de esos fragmentos del filme y el contrapunto obligado con el libro… Podría hablar incluso de la actuación, del cuerpo de los personajes, de la postura y actitud física de ellos. Pero vamos a esperar el estreno… Quizás la clave es dejar a un lado las expectativas de encontrarnos con la novela de Murakami expresada en imágenes. Eso no va a ocurrir. Una adpatación es una traducción, un nuevo texto, otra mirada, otra historia.

Esta es la nota publicada en Uchina (2008) sobre el libro Tokio Blues, de Haruki Murakami:

La historia comienza cuando Toru Watanabe tiene 37 años. Está en un avión y, de repente, escucha una melodía de los Beatles, Norwegian Wood. La música lo perturba. Hay recuerdos que estaban dormidos, enterrados en lo más profundo de su ser, cosas que jamás había recordado, que despiertan con esa melodía y lo llevan a la edad mítica de los veinte años. El primer amor, la primera pérdida.

“… pensé en la infinidad de cosas que había perdido en el curso de mi vida. Pensé en el tiempo perdido, en las personas que habían muerto, en las que me habían abandonado, en los sentimientos que jamás volverían”

Es una historia sobre la memoria y sobre el pasado. Pero también sobre el modo en que el pasado puede motorizar el presente, transformarlo en un segundo.

Es también una novela musical. No sólo por las referencias a la música sino porque hay en ella melodía -dada por la sucesión de diálogos atrapantes-. Y hay ritmo compuesto por el humor, la nostalgia, el sexo, la muerte.

El último párrafo es clave. Es un llamado telefónico, pero ¿lo hace a los veinte años o a los treinta y siete? El dice no saber adónde se encuentra. Es difícil ubicar en qué tiempo y espacio ocurre la escena (porque quizás ocurre en ninguna parte). Entre el Watanabe que huye de su propia vida y éste, algo ocurrió…

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