After Life. Eternos recuerdos

After life (Wandâfuru raifu, 1998) es un filme del director japonés Hirokazu Koreeda. Todo transcurre en un lugar que parece ser una institución pública, como un hospital o un centro de servicio social. Vemos una amplia entrada llena de luz y diferentes personas que ingresan al lugar. Todos esperan en una sala, conversan sobre su vida en un amplio recibidor. Se percibe desde adentro, a través de los ventanales, el frío del invierno. Los vidrios están empañados y apenas se dejan ver algunas ramas de los arboles.

Una mujer ingresa al recibidor interrumpiendo el diálogo colectivo y comienza a llamar uno a uno a cada uno de los “huéspedes” por su nombre. Les solicita que ingresen a una sala de conferencias. Para llegar allí deben atravesar largos pasillos silenciosos. Pero no es un lugar totalmente desolado porque hay mucha luz, aunque el clima es el de la ausencia.

En la sala de conferencias, cada uno estará cara a cara con un entrevistador. Hay algo que se repite en todas las salas y es que en ellas hay libros, muchos libros como presencia silenciosa de la vida. Palabras.

“-Usted es Kimiko Tatara, ¿verdad? Lo primero, su fecha de nacimiento
-Tres de abril de 1920 (…)
-Creo que ya entiende la situación… pero tengo que informarle oficialmente Kimiko Tatara, usted murió ayer. Lamento su pérdida”
“-Se quedará con nosotros una semana. Todos tienen una habitación privada. Sólo relájese y diviértase.”
“-Pero mientras esté aquí hay una cosa que debe hacer.”
“-De los 85 años de su vida… necesitamos que elija un recuerdo. Un recuerdo que sea el más significativo o precioso para usted.”
“Hay un límite de tiempo. Tienes tres días para decidir”
“Cuando haya elegido su recuerdo, nuestro personal se esmerará para recrearlo en una película.”
“El sábado les pasaremos las películas”
“tan pronto como hayan revivido este recuerdo, ustedes seguirán adelante llevando consigo sólo este recuerdo”

La película nos presenta la dificultad que tienen todas estas personas para poder elegir un recuerdo feliz. Y cuando finalmente lo eligen, ¿qué recuerdan? cosas efímeras, impresiones sensoriales, sensaciones imprecisas: un destello de luz, una brisa, un aroma, etc.

Un señor elige su niñez, en las vacaciones de verano, yendo en tranvía hacia la escuela, sentado adelante, junto al asiento del conductor, donde entraba una brisa por la ventanilla, y subraya la sensación de esa brisa que fluía por todo el cuerpo. Esa brisa es lo que quiere revivir, es lo perdido irrecuperable, lo único que quiere conservar para siempre.

Una vez elegido ese recuerdo, se monta todo un trabajo de puesta en escena muy interesante, se escribe el guión, se busca a los actores y se representa ese recuerdo, el de cada uno, como una obra de teatro. Este recuerdo representado va a ser el único que ellos podrán llevarse a la muerte.

Lo que perdura es lo efímero, lo que no se puede atrapar porque se escapa como la arena fina. Lo inmaterial que nos une al otro para siempre es una sensación, no tiene límites, es un lazo inabarcable, duradero, eterno, como el aroma de las flores de la infancia. Es ese aroma, esa luz, esa sensación la que anida en el corazón de todos los recuerdos.

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