El cine de Naomi Kawase

Si tuviera que buscar una imagen que lo represente diría que el cine de Naomi Kawase se asemeja a una caja con objetos de la infancia. Objetos en los que se siente la marca del paso del tiempo. Imagino no un álbum de fotos sino fotos sueltas, algunas escritas con lápiz en el lado de atrás pero otras sin ninguna referencia, sin datos de quienes están allí, sin escritura. Hay fotos brillantes, en las que la infancia aparece retratada de una manera especial, pura. Puro brillo. Como si fuera posible que a través de un recuerdo el sol de la infancia se hiciera presente hoy, aquí, con una suerte de atemporalidad.
Pero hay también fotos partidas, rotas, en las que fue arrancado de cuajo aquello que recuerda el dolor…, hay fotos que son un agujero. Y dibujos hechos con tiza, hojas de árboles, flores secas de la abuela, un frasquito con gotitas de lluvia, una cajita de fósforos -que alguna vez fue la morada de un bichito de luz-, y el olor del jardín que no sabemos por qué está allí fijado para siempre. Y el viento. La voz áfona del viento.

“Puede ser que no sea aquí donde vivía mamá. Pero está el viento, la luz, el agua, la hierba. Hay una niña y su madre. Exactamente como en otros tiempos. Una mujer da a luz y vive. Esas cosas sencillas son importantes”, dice Kawase en un corto titulado “En sus brazos”.

Un pensamiento sobre “El cine de Naomi Kawase”

Deja un comentario