Kafka en la orilla (esta tormenta eres tú)

A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.

Esa es la invitación de Haruki Murakami al lector. La hace en el capítulo primero. Uno decide si sigue o no. Pero está anunciado. El camino a seguir es ese: ¿querés atravesar tu interior? Si o no.

Cuando leí esa parte del libro me encendió. Claro, yo adoro las tormentas de Kurosawa, las tormentas de arena de Kobo Abe… y acepté seguirlo. Pero anticipo: no es fácil. El libro desconcierta (no voy a dar claves). En cada capítulo se pone a prueba la imaginación del lector y su capacidad de hacerse preguntas, de darse cita con lo inimaginable. Confieso: he salteado capítulos en la primera lectura porque había cosas que me eran demasiado impensables, ajenas, bizarras… es que este es uno de los libros en los que Murakami juega al extremo con el cruce entre fantasía y realidad, el borramiento de los límites entre qué es real y qué fantasía. Si lo leemos desde una separación entre ambas no podremos pasar del capítulo nueve.

La trama es esta: Kafka Tamura no tiene buenas relaciones con el padre (y la madre lo abandonó cuando era un niño, llevándose a su hermana) decide entonces irse de su casa el día que cumple quince años. El libro plantea desde el comienzo el viaje de Kakfa, un viaje que emprende hacia el sur de Japón. Pero también habrá otro viaje, el viaje al interior de su alma. Incluso hay un tercer viaje que es el viaje por la historia de Japón (dadas las referencias a la segunda guerra) y habrá otros, claro, dependiendo de la mirada del lector.

Kafka es un adolescente que se pregunta por su destino pero además que lo enfrenta, lo atraviesa, lo desafía. Y una vez que se da el primer paso en el viaje de Kakfa es difícil abandonar el camino. Uno no puede parar hasta saber adónde lo conduce, hacia dónde va (hay un suspenso atroz, muy finamente trazado). Una vez iniciada la tormenta uno sabe que va a tener que pasar por ahí, que va a ser arduo, pero lo aceptamos porque Kafka en cierto modo somos nosotros, bueno, esa es la invitación, entonces, ¿cómo no seguirlo?

Murakami juega aquí con la idea de Destino, con la tragedia de Sófocles sobre Edipo y subvierte absolutamente todo lo que desde Freud en adelante se teorizó sobre el Edipo. Quiero decir, el complejo de Edipo –que Freud escribe a partir de la tragedia de Sófocles- tiene todo su peso simbólico en la concepción occidental del psiquismo y también de la literatura. Supone que eso que aparece en la fantasía inconsciente (cuando digo eso me refiero al parricidio y al incesto) se consuma en la fantasía justamente porque no se ejecuta en la vida real. Digo, el Complejo de Edipo es esto: la escritura de lo imposible de ser realizado por un sujeto en la vida real. Bien, esto ha tenido un peso no sólo en la concepción de qué es la realidad y qué la fantasía para los psicoanalistas, ha tenido un peso en la cultura occidental del siglo XX, eso es innegable. Y ese peso está en la literatura. Bien, Murakami es japonés pero conoce bastante de esa concepción occidental y la rompe sin ningún miramiento en la composición de Kafka. La hace pedazos. Esto puede que no sorprenda a nadie. A mi me dejó sin aliento. Por qué. Porque la literatura no es algo escindido de nuestra concepción del mundo. Los libros de una época hablan del modo de vivir, de sentir, de pensar de esa época. Y esta ruptura que el autor hace es muy fuerte si uno piensa que está retratando nuestro siglo y una subjetividad diferente, al menos diferente a las que yo estaba acostumbrada a leer en las novelas. En ese punto tengo una posición muy clara. No es ficción. Las novelas de Murakami son novelas realistas, más allá de que ocurran todo tipo de cosas, las que menos uno imagine que pueden ocurrir. Es realista porque Kafka está diseñado como un chico común, con una vida común, con los sentimientos de cualquiera, etc., la composición de Kafka es muy buena en ese punto, es fácil identificarse con él desde el principio. Y en esa identificación reside todo el efecto que va a provocarnos después, lo que a él le ocurra nos va a ocurrir a nosotros, como lectores también. Es una apuesta fuerte.

El texto juega, a la vez, con el desdoblamiento. Hay muchos dobles. El doble de Kafka (el joven llamado Cuervo), su alter ego. Pero también está Nakata. Son dos personajes, dos historias que marchan paralelas y en un punto se cruzan. Y cada una tiene su propia temporalidad. La historia de Kafka es apasionada y peligrosa. El ritmo es rápido, nos hace correr, a veces sin respiro. Cuando está despierto y cuando duerme. Es un ritmo sin pausa. Música desenfrenada. En cambio, la historia de Nakata es pausada, lenta, misteriosa, increíble. La genialidad de Murakami es haberlas cruzado, intercalado. Un capítulo Kafka y el otro Nakata. Esto crea un ritmo de lectura singular. Es como correr enloquecidamente y luego tener que parar de un modo abrupto y luego correr y así otra y otra vez.

Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta ha cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.

Murakami, Haruki. 2006. Kafka en la orilla, Bs. As., Tusquets

Nota al margen del 04//10/2012: revisar lo que digo acá sobre la novela como novela realista (estoy usando categorías occidentales). Habría que ver la cuestión de la metáfora pero también lo que dice D. Richie del cine (realista/presentacional) ver si es posible aplicar esas categorías a la novela. Haría un globo con un signo de pregunta ahí donde afirmo tan tajantemente “es una novela realista”… lo es pero realista “a la japonesa” entonces, cómo se define ese realismo??

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