Versiones del vacío

¿Qué modalidades de manifestación posee el vacío? Les propongo pensar distintos modos de funcionamiento del vacío: por un lado, el vacío como exceso, en la línea del principio de inercia freudiano; por otro lado, el vacío en la línea del Tao, tal como se puede observar en la pintura china. En ambos casos se trata del vacío pero su modo de funcionamiento es radicalmente distinto.

 El Mito del Tubo: el vacío como exceso

Una modalidad de funcionamiento del vacío está, indudablemente, en la línea del exceso. Para ejemplificarla propongo la figura del Tubo. El Tubo es un exceso porque nos remite al principio de inercia del Proyecto de psicología de Freud. En este supuesto, toda la cantidad que entra al aparato es descargada sin dejar ninguna huella, sin resto. Si el aparato psíquico funcionase como un tubo, no habría lugar para la memoria inconsciente ni tampoco para la satisfacción del estímulo endógeno, que lleva a la vivencia de satisfacción. Es decir, estaríamos en el campo del Goce Todo. Este es un supuesto necesario, el mito del Goce Todo. También podríamos llamarlo el Mito del Tubo.

¿Por qué el tubo es un exceso? Porque el Tubo pareciera no estar mediado por el campo del Otro; funciona como si el Otro no existiera. En Metafísica de los tubos, Amélie Nothomb relata la historia de una niña que vive como una Planta, de una niña Tubo. Un ser que no desea nada, que al nacer ni siquiera lloró y que no siente el más mínimo placer al alimentarse. En esta niña todo pasa sin dejar huella, exactamente como el principio de inercia freudiano:

“En el principio no había nada. Y esa nada no estaba ni vacía ni era indefinida: se bastaba sola a sí misma” (Nothomb).

Esta completud del Tubo hace que la narradora llame a esta niña Dios:

“Dios tenía los ojos perpetuamente abiertos y fijos. Si hubieran estado cerrados, nada habría cambiado. No había nada que ver y Dios nada miraba. Se sentía repleto y compacto como un huevo duro, (…). Dios era la satisfacción absoluta. Nada deseaba, nada esperaba, nada percibía, nada rechazaba y por nada se interesaba. La vida era plenitud hasta tal punto que ni siquiera era vida” (Nothomb).

El vacío se manifiesta aquí bajo la forma de la inercia, según el modelo del reflejo, asi como también bajo la forma de la completud.

“En realidad, Dios era la encarnación de la fuerza de la inercia, la más poderosa de las fuerzas. También la más paradójica de las fuerzas: ¿existe acaso algo más extraño que ese implacable poder que emana de lo que no se mueve? La fuerza de la inercia representa el poder de lo larval, (…). Tal era el poder del tubo” (Nothomb).

Aunque parezca una contradicción, se trata de un vacío lleno, en el cual, el yo-cuerpo supuesto ahí consiste, está cristalizado en esa “originaria tendencia a la inercia” que se traduce como una descarga absoluta de la cantidad (denominada en el Proyecto de psicología función primaria del aparato). Si bien es cierto que esta tendencia a la inercia es quebrantada desde el comienzo también lo es que persiste en el principio de constancia.

En el cap. VI de Más allá del principio del placer Freud utiliza la expresión principio de Nirvana para referirse a dicha tendencia y la vincula con la muerte y con la pulsión de muerte.

El vacío del valle. La función de ahuecamiento

Otro modo de funcionamiento del vacío está bien expresado en la filosofía china, fundamentalmente en el Tao. François Cheng, en Vacío y plenitud, señala al respecto:

“En la óptica china, el vacío no es, como podría suponerse, algo vago e inexistente, sino un elemento eminentemente dinámico y activo. (…) constituye el lugar por excelencia donde se operan las transformaciones, donde lo lleno puede alcanzar la verdadera plenitud”. (Cheng)

Si bien el vacío puede apreciarse en todas las artes (música, pintura, el arte de la caligrafía, etc.), Cheng sostiene que es en la pintura donde se manifiesta de manera más acabada. En relación con la pintura, el vacío se manifiesta no sólo en la superficie no pintada de la tela sino también en el espacio pintado (por ejemplo, entre la montaña y el agua, el vacío circula representado en la nube).

Ahora bien, al observar los cuadros se advierte un efecto interesante:  el vacío trastoca la perspectiva lineal. Cabe recordar, en relación con este punto, que la perspectiva lineal se desarrolló en occidente alrededor del siglo XV. En dicha perspectiva, dos líneas paralelas convergen en un punto en el horizonte; es hacia ese centro adonde se dirige la mirada del espectador (el mejor ejemplo lo encontramos en La última cena de Leonardo da Vinci, entre tantos otros). La perspectiva lineal representaba el avance hacia el progreso, en una sola dirección y a través de una sola mirada.

En China, durante la dinastía Song (siglos X a XIII), algunos pintores inventaron una perspectiva descentrada. Esta perspectiva dirigía la mirada del espectador a un rincón del cuadro y no a su centro –es decir, hacia algo no formulado, invisible a las apariencias-. Dos exponentes de la perspectiva descentrada fueron Ma Yuan (activo entre 1172 y 1214) y Xia Gui (activo entre 1190 y 1225). Debido al efecto de descentramiento que producían sus cuadros a nivel de la perspectiva, fueron apodados Ma, el rincón y Xia, la Mitad.

Por otra parte, en la pintura china encontramos también una perspectiva doble, calificada de aérea, ya que se supone que el pintor se halla sobre una altura, pudiendo tener una visión global del paisaje. Al mismo tiempo, es como si la mirada del pintor se moviera, se acercara en ciertos tramos o se alejara en otros mostrando así, en una misma tela, diferentes perspectivas, diferentes caras del paisaje. De esta manera, las montañas pueden verse desde cierta altura, de frente y de lejos, al mismo tiempo, en el mismo cuadro. El interior y el exterior de una habitación pueden ser mostrados a la par.

Referencias:

François Cheng, Vacío y plenitud. El lenguaje de la pintura china, Madrid, Siruela, 2005

Sigmund Freud, El yo y el ello, AE, XIX, 2-66

Sigmund Freud, Proyecto de psicología para neurólogos, AE, I, 323-463

Lao Tzu, Tao Te Ching, Bs. As., Pluma y papel, 2004

Amélie Nothomb, Metafísica de los tubos, Barcelona, Anagrama, 2001

Nota: El texto que publicamos (con autorización de la autora) es un fragmento de “Versiones del vacío”, de Cynthia Acuña Matayoshi. Fue publicado en Qué es el inconsciente, Bs. As., Mármol izquierdo, 2009 (CYNTHIA ACUÑA, JUAN CARLOS COSENTINO, JORGE DORADO, MARCELA LOMBÁN, COMPILADORES).

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