A puerta cerrada – Jean Paul Sartre

Hace tiempo leí la obra de teatro de Jean Paul Sartre A puerta cerrada (Huis clos), de la que ya había visto una puesta en escena que me gustó mucho. La temática que se juega en ella es el tema del otro, la mirada del otro y de la alienación que hay, a nivel subjetivo, entre el yo y el otro.

Tres personajes son conducidos a una habitación desprovista de espejos. Una habitación cerrada por fuera, de la que no pueden salir y en la que nadie más va a entrar. Dos mujeres y un hombre. Ellos están allí por algo, ¿los reunió el azar? Eso no lo sabemos. Lo que sabemos es que están muertos y que la habitación es el infierno. Aunque esta aseveración cobra algunos matices

 “No hay tortura física, ¿verdad? Y sin embargo estamos en el infierno. Y no ha de venir nadie. Nadie. Nos quedaremos hasta el fin solos y juntos.”

 ¿Cuál es el verdadero infierno? En realidad, lo que transforma a ese encuentro en un infierno es la mirada del otro, “el infierno son los Demás”. El necesitar de esa mirada. “El verdugo es cada uno para los otros dos”. Como dije, no hay espejos, el espejo es la mirada pero, “¿y si el espejo se pusiera a mentir? O si yo cerrara los ojos, si me negara a mirarte”… allí reside la tortura, la dependencia, la alienación. Si esa mirada existe, se es esclavo y si no existe… se pierde la existencia, la propia conciencia de los límites de sí mismo.

Luego, está el tema sartreano por excelencia, el de la elección, la libertad. Todos están en el infierno por algo pero ¿cómo juzgar la vida del otro? ¿Es posible juzgarla por un solo acto? Y ese acto ¿es representativo de lo que la persona ha querido ser? “Sólo los actos deciden acerca de lo que se ha querido”. Y probablemente no sea posible decir que no hubo tiempo, en la vida, para ejecutar los propios actos:

“Se muere siempre demasiado pronto –o demasiado tarde-. Y sin embargo la vida está ahí, terminada; trazada la línea, hay que hacer la suma. No eres nada más que tu vida.”

Otro ingrediente le da a ese espacio un carácter infernal: ellos estarán juntos para siempre. La eternidad. La luz prendida sin interrupción, la mirada sin cortes. Para siempre. 

HUIS CLOS (un fragmento del original en francés y traducción)

Je vous le dirai plus tard. Moi, je suis méchante: ça veut dire que j’ai besoin de la souffrance des autres pour exister. Une torche. Une torche dans les cœurs. Quand je suis toute seule, je m’éteins. Six mois durant, j’ai flambé dans son cœur; j’ai tout brûlé. Elle s’est levée une nuit; elle a été ouvrir le robinet du gaz sans que je m’en doute, et puis elle s’est recouchée près de moi . Voilà.

 

Se lo voy a decir después. Yo soy mala: eso quiere decir que necesito el sufrimiento de los otros para existir. Una antorcha. Una antorcha en los corazones. Cuando estoy completamente sola, me apago. Durante seis meses, ardí en su corazón; lo abracé todo. Ella se levantó una noche; fue a abrir la llave del gas sin que yo lo supiera, y después volvió a acostarse conmigo. Ahí tiene.

 

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