Be with me: la escritura y el deseo

Be with me no es una gran película pero me pareció interesante cómo se aborda la cuestión del deseo. La trama se enmarca en toda esta cuestión de los encuentros y desencuentros en el amor… ¿líquido? El enamoramiento frágil de ciertas relaciones circunstanciales, un hombre obeso se enamora de una chica y ella nunca se entera; una chica siente fascinación por otra que conoce en Internet; un señor deprimido recupera las ganas de vivir al conocer a una escritora. El amor a través de la escritura, de los mails, Chat, mensajes de texto en el celular, correo postal nunca enviado… ese es un aspecto que no es novedoso pero sitúa, por un lado, el tema de lo efímero, cómo se pasa del apasionamiento furioso a la caída del otro y, por otro lado, cómo la escritura enciende el fuego en la vida de alguien. El rasgo interesante del filme es el tema del deseo y el deseo aparece a través de la escritura. Alguien escribe para alguien. Alguien que cocina para alguien que escribe.

En el primer caso, en el caso de las dos chicas que se conocen por el chat, es más claro que la escritura produce efectos inesperados y en cierto modo esos efectos sólo se sostienen bajo ciertas circunstancias (por ejemplo, que ellas no se encuentren fuera del espacio virtual, cuando se encuentran, tienen sexo y luego se pasa a otra cosa, eso se pierde, ya no hay más encuentro). La pregunta es si el espacio “virtual” y el espacio “real” se superponen, se confunden, cuál es la legalidad de cada uno, las condiciones de funcionamiento de cada uno.

Lo que en realidad sucede es que si se atraviesa cierta barrera, si se quiebra ese anonimato, deja de sostenerse el deseo y se desliza hacia otro lado. Ese deseo se soporta en el hecho de que no haya cuerpo, de que no haya sexo real. El único cuerpo posible es el de las letras en la pantalla (la pantalla de la computadora o del celular). Es ese el cuerpo deseante, no el de ellas. Pero ellas deciden encontrarse y eso dura poco. Es intenso y fugaz. Luego aparece la pregunta ¿cómo se pone fin al desencuentro? ¿Será cuestión sólo de apagar la computadora? ¿O de eliminar los mensajes entrantes en el celular? Evidentemente, no es esa la vía pero ellas no saben cómo hacer. Una de ellas demanda una respuesta, un no, una explicación, palabras. La otra responde apagando la pantalla. No saben que allí hay dos espacios distintos, superpuestos, confundidos, cada uno con su legalidad, con sus condiciones.

En el segundo caso, se produce un encuentro entre un hombre –casi vencido, deprimido- y una señora que ha hecho algo con su discapacidad –ella es ciega y sorda y se transformó en escritora-. El cocina muy bien y ella escribe. El comienza a leer la biografía de ella y empieza a cocinar para ella. Es esto. Cocinar para ella. No se da cuenta pero se cura. Comienza a sentir deseo. No es el deseo sexual, es el deseo de vivir que había perdido y que recupera cuando la lee. El la lee y le cocina. Ella degusta su comida, la espera con placer, se toma tiempo, la disfruta y le hace saber que quiere más, que quiere tal o cual plato, etc. Bueno, hay allí un rasgo del deseo sublimado muy bien representado. Se encuentran en eso. Es deseo del deseo del otro. Ella desea que él desee y le cocine. El desea que ella desee su comida y eso le devuelve las ganas de vivir.

Por último, el señor obeso que se enamora de la chica linda a la que espía a través de ventanas, ventanales. Siempre hay un marco. El marco de la PC, el marco de las ventanas, el marco del gran portón de entrada en el local de comidas. Entonces él le escribe una carta, a mano. Otra vez la escritura. Está semanas hasta que logra escribir algo que le gusta… o meses… pero esa carta nunca llega. ¿Importa? El la escribió, lo pudo hacer. Eso también lo mantenía vivo.

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