Bostezo

Nótese que los fantasmas no bostezan

Estoy hablando con alguien -con bastante interés- y mi interlocutor bosteza. Bosteza sin pudor y sin disimulo. Y el bostezo se instala entre nosotros, estirándose y tomando por asalto el rostro de mi interlocutor. A veces en silencio. Otras veces con un sonido mudo -el que hace la boca cuando se transforma en vehículo del vacío-. En esos instantes, tengo la impresión de que quien bosteza ya no es dueño de su rostro. De que su rostro fue tomado por otro, transformándose, deformándose en un gesto hueco.

Para mi sorpresa, mi interlocutor no hace nada por evitarlo. No se disculpa ni lo interrumpe. Ni siquiera se avergüenza.

A veces el bostezo va acompañado de un gesto: el de la mano que tapa la abertura de la boca. En ese caso, la mano es la parte conciente, racional, que intenta anular algo, aunque no sé bien qué.

La boca es la morada del bostezo. De modo inverso a lo que se cree, que la boca se abre para incorporar aire o más bien oxígeno, durante el bostezo, yo tiendo a creer -por supuesto, de una manera absolutamente intuitiva-, que es a la inversa, que no se trata de algo que entra sino de algo que sale. No es aire, es el vacío mismo del interior del cuerpo el que se manifiesta, deslizándose como un fantasma por la cavidad de la boca.

Cuando hacía teatro uno de los ejercicios de relajación y entrenamiento, antes de pasar un texto, era bostezar. El profesor nos instaba a bostezar en el escenario, antes de abrir, por así decir, la escena. Me llevó un tiempo entenderlo. Quizás nunca lo entendí. Pero la idea subyacente era, probablemente, poder pasar a otro estado de cosas, poder conectarse con otro lugar. No siempre lo lograba. El hilo de la conciencia, ese que nos mantiene despiertos, que nos permite hablar, pensar, etc., es verdaderamente tiránico. No se corta así tan fácilmente. Pero es cierto que cuando damos paso a un bostezo sin detenerlo estamos abriendo una delgada capa invisible hacia una zona que por carecer de un nombre mejor, llamamos inconsciente.

Michitaro Tada, en Gestualidad japonesa, afirma que bostezar es sin duda un fenómeno del inconsciente. También advierte que antiguamente el bostezo no era considerado tan sólo un fenómeno físico sino que se creía que los dioses estaban presentes en los bostezos.

Bostezar es para Tada “señal de que uno ha pasado al ba (territorio) misterioso del inconsciente”. El bostezo entonces podría ser señal o llamado. Una invitación que el inconsciente envía a través del cuerpo. Pero ¿invitación a qué? Quizás a conectarse con ese mundo que habita en una zona oscura de nosotros mismos, el mundo de los muertos, de los dioses o de los fantasmas.

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