La monstruosidad en Sopa de miso, de Ryu Murakami

La novela Sopa de miso relata el encuentro entre un turista norteamericano -Frank- y un joven japonés, Kenji, que trabaja de guía turístico, un guía particular, podríamos decir: un guía de turismo nocturno, que le hace conocer a sus clientes las casas de citas del barrio rojo de Tokio.

Desde el comienzo Kenji sospecha de Frank. Tiene el presentimiento de que Frank puede ser un asesino serial, que según los periódicos, ataca a jovencitas de bachillerato que venden sexo o hacen “citas retribuidas” en Tokio.

La novela nos introduce de lleno y rápidamente a varios problemas que se cruzan en la moderna ciudad de Tokio: el sexo, la violencia, lo extranjero.

Kenji tiene una posición bastante crítica con respecto a Frank. Que poco a poco se extiende a una pregunta, una reflexión sobre la cultura norteamericana. Pero también abundan las comparaciones, entre Japón y Estados Unidos, entre la idiosincrasia norteamericana y la japonesa. Ninguno de los dos sale bien parado. Porque la crítica es bastante profunda. Podría decirse que no es una crítica vacía. Porque finalmente el libro trata sobre la violencia y la decadencia de la sociedad. Todo el tiempo late esa pregunta: por qué. ¿Cómo llegó la sociedad a convertirse en esta especie de monstruo?

 

Me pregunto por qué…

El libro comienza con una pregunta por el idioma.

Me llamo Kenji.

Mientras pronuncio estas palabras en inglés me pregunto por qué en japonés hay tantas maneras de decir lo mismo. En plan duro: Ore no na wa Kenji da. Educado: Watashi wa Kenji to moshimasu. Casual: Bocu wa Kenji. Gay: Atashi Kenji´ te iu no yo.

 

Si pensamos que el idioma es una muestra de la sociedad y la cultura, este solo dato, es decir, cómo alguien se presenta para decir “me llamo…”, da cuenta de la jerarquización de la cultura japonesa. Algo tan simple como presentarse, se puede decir de muy diversos modos y esos modos muestran el lugar que quien habla ocupa en la sociedad. Es un dato de su posición social, de su educación, incluso, de su sexualidad.

La figura del monstruo. Los fantasmas de la razón

Hay ciertas referencias en la novela a la figura moderna del monstruo, un elemento característico de la literatura gótica. Por momentos, Frank se le presenta a Kenji como un autómata, como un monstruo de metal. Pero luego vira y esa tensión entre el hombre normal y el monstruo no se resuelve en el libro.

Hay algo en su rostro (que será denominado El Rostro), en la piel, que, en ciertos momentos, la hace parecer artificial, “como si hubiera sufrido quemaduras graves y los médicos le hubieran reconstruido el rostro con un material sintético” (Murakami, 2005: 11-12).Una referencia que nos recuerda a Kobo Abe y su novela El rostro ajeno. Son momentos de transformación, que pueden durar un instante, en los cuales el extranjero se vuelve un ser extraño, inhumano, sus ojos pierden sus cualidades humanas. La mirada se vuelve fría y oscura.

Frank tenía la mejilla fría y su contacto producía la misma impresión que se siente cuando tocas la goma de una máscara de buceo. (Murakami, 2005: 39)

 

El comportamiento de Frank en la realización de las cosas más simples como tomar cerveza se vuelve algo extraño. Kenji se convierte en un observador minucioso, obsesivo y obsesionado en los comportamientos cotidianos de Frank. Cómo sonríe, cómo bebe la cerveza, la temperatura de su cuerpo. Esta impresión de extrañamiento también la tienen las personas que entran en contacto con Frank, hasta el punto de hacernos dudar, ¿será Frank un monstruo, será un asesino, un loco? Todo lleva hacia allí.

Frank miente de una manera descarada. Todo en él es sospechoso, increíble. Desde cómo se llama hasta dónde reside, todo en él está sujeto a la duda. La construcción de este personaje por parte del autor es excelente. Logra transmitir al lector no sólo la vacilación sino el nerviosismo y la incomodidad de su observador, Kenji. Nos transforma en observadores del monstruo.

Por otra parte, otra de las características de la literatura gótica es encontrar esta monstruosidad en la sociedad misma o en la razón. “Los fantasmas de la razón engendran monstruos” (Murakami, 2005: 99). Estos elementos también están presentes en la novela. La monstruosidad se desplaza, en la novela, de Frank a la sociedad japonesa. Porque también la sociedad está siendo observada como una sociedad de consumo extremo, violenta, donde sólo importan las marcas de ropa y donde la soledad consume a sus individuos, transformándolos en autómatas.

Las preguntas sobre Japón

Frank se hace preguntas que Kenji no puede responder. Esas preguntas que nadie se hace, o que se hace el autor, están puestas en boca del ser monstruoso. Por ejemplo, “Japón puede haber perdido la guerra, pero eso fue hace mucho tiempo ¿Por qué siguen imitando a los americanos?” (Murakami, 2005: 33)

Kenji, por otro lado, enuncia muchas de esas preguntas que no puede responder, que vienen de afuera, que enuncia el extranjero:

Para los extranjeros, en este país hay muchas cosas que parecen extrañas, pero yo soy incapaz de explicar la razón de la mayoría de ellas. Me suelen hacer preguntas como: Si Japón es uno de los países más ricos del mundo, ¿por qué tiene el problema de los karoshi, individuos que, literalmente, se matan trabajando?

O comprendo que lo tengan que hacer las chicas de los países asiáticos más pobres, pero ¿por qué se prostituyen las estudiantes de un país tan rico como Japón? (Murakami, 2005: 51)

Estas preguntas se trasladas al lector. Para que él responda. Quizás se haga una respuesta, luego de leer el libro. Sin embargo, el objetivo del autor no parece ser dar una respuesta sino desplazar la pregunta.

En palabras de Kenji: “hay cosas que la gente de este país hace de forma automática y que los extranjeros no van a entender por más que se las expliques” (Murakami, 2005: 83).

El rasgo del automatismo se traslada ahora a la sociedad japonesa. Hacer cosas de manera automática es lo que hace un autómata.

Así se refiere Kenji a la imagen que le causan un conjunto de japoneses, hombres y mujeres, en una casa de citas, en la cual es difícil decidir quiénes son profesionales del sexo y quiénes sólo pasaban por ahí y entraron, por aburrimiento o por soledad.

Eran todos como autómatas programados para retratar ciertos estereotipos, … y había empezado a preguntarme si no estaban rellenos de aserrín y plástico como los animales de peluche, en vez de sangre y huesos (Murakami, 2005: 160)

Son cosas que no se comprenden. Igual que los comportamientos de Frank, que miente por mentir, sin necesidad de la mentira, sin causa alguna. No hay razón para la maldad de Frank, así como no hay razón para ciertas conductas del japonés medio normal.

A pesar de no haber respuestas, el autor esgrime algunas ideas, las pone en boca de Kenji. Por ejemplo, el porqué de la maldad. La maldad surge de “sentimientos negativos como la soledad, la tristeza y la ira. Proviene de un vacío interior que parece haber sido labrado con un cuchillo, el vacío que queda cuando te arrebatan algo muy importante” (Murakami, 2005: 97).

Hay que decir que a pesar de todas estas palabras, puestas en boca de los personajes, el autor no da una respuesta explicativa a todas las preguntas. No dice: esto es causa de la modernidad o del mercado o de la cultura. A tal punto no hay respuestas, que la figura misma del monstruo o del asesino son puestas en un lugar particular. Un lugar en el cual no se juzga si son buenos o malos, si merecen o no un castigo, si tienen o no cura.

no hay una razón para que un niño cometa un asesinato, al igual que no hay una razón para que un niño se pierda. ¿Cuál puede ser, que sus padres no lo vigilan? Esa no es una razón, es un paso del proceso. (Murakami, 2005: 195)

El final es sorpresivo. No voy a comentarlo. Por algo se ha dicho de Ryu Murakami que es el maestro del terror o suspenso psicológico. Creo que es cierto. Pero también hay que decir que Sopa de miso es mucho más que una novela negra, que un thriller psicológico. Está repleta de preguntas y reflexiones, de cuestionamientos y de referencias a las antiguas tradiciones. Es muy difícil encuadrarla o resumirla. Se trata de un libro para leer más de una vez.

Ryu Murakami (Ryunosuke Murakami) nació en Sasebo, Nagasaki en 1592.

Es escritor y director de cine -entre otras películas, dirigió Tokyo Decadence (1992)-. Pertenece a esa generación de escritores nacidos en la posguerra, que crecieron en un Japón marcado por la prosperidad económica y la difusión masiva de productos culturales provenientes del mercado americano, como también lo son Haruki Murakami y Banana Yoshimoto.

En español conocemos algunas de sus obras traducidas: Azul casi transparente (1976), Los chicos de las taquillas (1980) y Sopa de miso (1997).

ryu

Nota:

Imagen: Cubierta de “Sopa de miso” © Seix Barral. Todos los derechos reservados.

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