Aguas tranquilas de Naomi Kawase

Futatsume no mado (Still the Water en inglés, Aguas tranquilas en español) es una película que tiene el espíritu de Okinawa. Fue filmada en la isla de Amami (en el archipiélago de Ryukyu) en Japón. Amami se encuentra al norte de Okinawa. Tiene ese aire de encanto, el sonido del sanshin, el estilo de vida.

Las imágenes me recordaron a Shara. Kawase retoma pero de una manera muy sutil todos los nudos de su cine en este filme: el padre, tatuajes, la muerte, el sexo, una bicicleta, el mar. También está la figura materna.

Sin embargo es una película diferente. Más cruda y, a la vez, más espiritual, en el sentido amplio del término. Quizás, en el sentido shintoísta. Porque la columna vertebral es el tránsito de una mujer de la vida a la muerte (o de la muerte a la vida).

Hay algunas escenas rojo sangre, como pasó en uno de sus documentales.

No voy a contar la película ni a detenerme en la trama porque creo que para eso está el trailer. Lo que destaco es que después de mucho tiempo de no ver una pelicula de ella, este filme no me defraudó. Más bien, creo que representa un punto de maduración de su cine. No hay temas nuevos. Pero las preguntas son otras. O quizás, las mismas preguntas están entrelazadas de un modo diferente, como si fueran las raíces y las ramas de ese árbol que también es protagonista de la historia. No me puedo olvidar: el viento, la copa de los árboles moviéndose con el viento.

Me gustó: la música del sanshin, la danza, las aguas que muy poco tienen de tranquilas.

No me gustó: las escenas del comienzo no son para gente muy impresionable.

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