El cine de Kore-eda

Hacía mucho que una película no me producía ese impacto y escribo esto con la sensación todavía en el cuerpo de algo perturbador que me hizo parar y tener que verla en dos veces.

Para analizar una película racionalmente, desde una lógica, algún tópico, suelo estudiarla, verla más de una vez, pero en este caso es la necesidad de escribir sobre ella lo que me mueve, quizás para sacarme algo de encima (¿la sensación asfixiante que tuve cuando la vi?).

Quizás esto no me pasaba desde Nadie sabe y debe ser por algo. En esta última película (Shoplifters, Ladrones de tiendas, pero traducida como Somos una familia o algo así, título que no me gusta ni entiendo por qué lo cambiaron), Kore-eda vuelve a sí mismo, no es que se haya ido antes, es que parece haber dado una vuelta enorme, una vuelta completa en espiral, una vuelta dialéctica. Vuelve más incisivo y creo que hace otro tipo de preguntas que en aquella época. Ahora, Kore-eda cuestiona la base misma de lo que es una familia, no solo se pregunta qué es una familia, porque eso ya lo había hecho en De tal padre tal hijo, en realidad, uno podría decir que lo viene haciendo desde siempre, es un tópico central de su cine. Acá lo novedoso es cuestionar la base de la idea de familia y dar también un punto de vista bastante polémico. Una familia es un lazo. No es para él un lazo basado en la sangre, eso ya lo sabíamos, pero ahora una familia es un lazo que se construye más allá de la moral, o a pesar de ella, incluso: con su propia moral. Una familia es un lazo. Y ese lazo puede tener un basamento moral que no coincida con lo bueno, el bien, lo que socialmente está bien visto o es lo correcto (padres buenos serían no solo padres biológicos, digo, para la moral social, sino padres que llevan a sus hijos a la escuela, les enseñan cosas buenas, etc., pero esto en un punto no deja de ser una construcción imposible, que siempre falla).

Acá lo que se pone en juego es: hay un lazo muy fuerte. El director muestra paso a paso cómo se gesta ese lazo. Lleva al espectador a identificarse con ese lazo y cuando nos identificamos, nos muestra lo inmoral (de los personajes y de nosotros mismos, al fin y al cabo, para eso existe el recurso de identificarse con). Quiero decir, lo que se opone seguramente a nuestra propia moral social compartida. Nos pone en un dilema ahora ético. Decidir si seguimos a los personajes hasta el final o empezamos a opinar otras cosas sobre ellos.

A partir de acá voy a spoilear, así que lo aviso, no lo lean los que no la vieron:

El padre es un ladrón que enseña a sus hijos a robar (hijos no biológicos, hijos apropiados en forma no legítima o ilegal), pero no es lo único que les enseña. El padre aloja. Ese padre, quiera uno o no, aloja. Tiene miles de problemas y errores, también la madre, ambos tienen una historia oscura detrás (robo, homicidio, estafa).

Uno se pregunta por el modo en que alojan y lo que en enseñan en paralelo a lo inmoral durante toda la película. La verdad es que nada es blanco o negro. Acá hay dos versiones de la paternidad y la maternidad conviviendo sin tensión. La tensión se genera en nosotros, los espectadores, que vemos a la nena de cuatro años robando o al “hermano” enseñándole eso, quizás sin saber por qué lo hacen, solo porque el padre se los enseñó. Un padre que tiene empleo, es decir, todos trabajan, aunque de manera precaria, y uno podría decir, además, roban, pero ¿qué roban?, ¿por qué? El chico se lo pregunta primero, toma una posición y por eso se viene a pique la familia, cuando comete ese pasaje al acto y se hace atrapar por la policía. Al chico le hace ruido robar, porque alguien le dijo: eso no se hace o no se lo hagas a tu hermana. Es el personaje del varón que deja de ser un niño, el púber, que está en oposición al padre, el que rompe la impostura familiar y aparece algo así como el Estado. Pero el Estado no hace nada, no hace gran cosa, devuelve a la nena de cuatro a una familia que la golpea, porque son lazos de sangre. El Estado, muestra Kore-eda, está interesado por la ley pero no por ellos, por sus singularidades.

Finalmente, no se muestra solo la soledad y los dilemas morales en conflicto. Se muestra un modo de amarse. Un modo de construir lazo. Eso creo que es lo más verdadero e interesante de la película, por eso, al final, el chico llama a ese padre como tal: papá. Es un padre fallido, pero es un padre.

Y eso mismo podríamos decir de la más chica de la familia, que canta la canción que le enseñó su “madre”, la que se apropió de ella y le cambió el nombre para protegerla, eso dicen, esa madre ilegal algo enseñó. Le enseñó canciones y le enseñó a abrazar y también le enseñó: si alguien te ama no te golpea. Claro, también esta madre es fallida, es una madre que cometió asesinato. ¿Cómo conviven esas diferentes imágenes en nuestras mentes inevitablemente morales?

El director dice cosas: dice que el Estado no hace nada, dice que la familia se elige, dice que las personas no somos buenas o malas, quizás dice que somos ambas cosas. Acá lo lleva al extremo, porque es una familia con muchísimos agujeros. También dice: la familia tiene siempre grandes agujeros morales, ¿quién puede decir qué es mejor para un niño? Y nos deja con ese dilema.

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