En la literatura china se indican cuatro santos como autores del I Ching: Fu Hi, el rey Wen, el duque de Chow y Kung Tse (Confusio).
Fu Hi es una figura mítica. Es el representante de la edad de la caza, la pesca y la invención de la cocina. Si se lo designa como inventor de los grafismos que son los signos del Libro de las Mutaciones, esto significa que se atribuye a tales signos una antigüedad tan elevada que rebasa la memoria histórica. Por otra parte, los ocho signos primarios llevan nombres que no aparecen sino en este caso en la lengua china, por lo cual se ha conjeturado también la posibilidad de un origen foráneo. Lo cierto es que los signos no son ideogramas o criptogramas antiguos, como se ha querido deducir de una coincidencia, entre casual y deliberada, con uno u otro de los antiguos ideogramas del idioma chino (ejemplo: el trigrama Kan es muy similar al grafismo Shui, agua).
Ya en épocas muy tempranas se presentan estos ocho trigramas formano combinaciones. Se mencionan dos recopilaciones de tiempos arcaicos: el Libro de las Mutaciones de la dinastía Hia, llamado Lien Shan, que habría comenzado con el signo Ken (Guen), el aquietamiento, la montaña, y el Libro de las Mutaciones de la dinastía Shang, llamado Gui Tsang, que comenzaba con el signo K’un, lo Receptivo. Resulta difícil decir si los nombres de los 64 hexagramas existían ya entonces y, de existir, si eran los mismos que los del actual I-Ching. La colección actual de los 64 signos proviene, de acuerdo con la tradición generalmente aceptada (y no hay ningún motivo para dudar de ella), del rey Wen, el antepasado prócer de la dinastía Chou, quien la proveyó de breves sentencias o juicios, los Dictámenes, durante los años en que el tirano Chou Sin lo mantuvo preso en la cárcel. El texto dedicado a los trazos individuales proviene de su hijo, el duque de Chou. El libro se utilizaba como libro oracular durante todo el período de los Chou, con el nombre de: Las Mutaciones de Chou (Chou I).
Tal era el estado del libro al descubrirlo Kung Tse (Confucio). Éste, ya a edad avanzada, se empeñó intensamente en su estudio, y es altamente probable que el “Comentario para la Decisión” (Tuan Chuan) proceda de él. También se remonta a él (de un modo menos inmediato) el comentario de las imágenes. En la escuela de Kung Tse el Libro de las Mutaciones, según parece, fue difundido en lo sucesivo principalmente por Pu Shang (Tsi Hia). Se fue formando una literatura en torno al I-Ching, cuyos residuos (antiguos y posteriores) se encuentran en las llamadas “Diez Alas”, y que varían mucho en cuanto a valor esencial y a sustancia.
En ocación de la célebre quema de libros bajo el régimen de Tsin Shi Huang, el Libro escapó al destino que sufrieron otros clásicos. Pero si hay algo capaz de refutar la leyenda según la cual los libros antiguos, a raíz de la quemazón, habrían sufrido en lo relativo a la sustancia de su texto, lo es en verdad el estado del I Ching que, si fuese así, debería haber quedado realmente intacto. En realidad, las miserias de los siglos, el desmoronamiento de la antigua cultura, el cambio en el sistema de la escritura, son responsables de que todas las obras antiguas hayan sufrido deterioro a raíz de tales vicisitudes.
No obstante, luego de haberse confirmado, bajo Tsin Shi Huang, la fama del I Ching como libro divinatorio y mágico, durante las dinastías Tsin y Han lo avasalló toda la escuela de hechiceros (Fang Shi); y la doctrina del Yin-Yang, promovida probablemente por Tsou Yen y cultivada más tarde por Tsung Chung Shu, Liu Hin y Liu Hiang.
Había quedado reservada al grande y sabio estudioso Wang Pi la tarea de realizar una limpieza definitiva, eliminando esa impura mezcolanza. Escribió sobre el sentido del I Ching, en su calidad de libro de sabiduría y no como libro de oráculos. Encontró pronto imitadores y, en lugar de las teorías mágicas de los prosélitos del Yin-Yang, fue adhiriéndose al Libro, en forma creciente, la incipiente filosofía estatal. En el período Sung el Libro fue utilizado como apoyo básico de la especulación sobre el Tai-Chi-Tu (que probablemente no era china) hasta que Tchong Tsi, el Viejo escribió un excelente comentario sobre el Libro. Los antiguos comentarios contenidos en las “alas” habían ido distribuyéndose entre los diversos signos obedeciendo a una costumbre ya asentada. De este modo, paulatinamente el Libro se convirtió por entero en libro de enseñanza de sabiduría de la vida y sabiduría estatal. Pero Chu Hi trató entonces de preservar su carácter de libro oracular y publicó, aparte de un comentario breve y preciso, también una introducción a sus estudios concernientes al arte de la divinación.
La tendencia crítica, historicista, que se observó durante la última dinastía, se ocupó también de la protección del I Ching, aunque no tuvo tanta suerte con su oposición a los sabios del período Sung y la exhumación de los comentadores Han, temporalmente más cercano a la redacción del Libro de las Mutaciones, como con su tratamiento de los otros clásicos. Ya que los comentadores Han, en última instancia y a pesar de todo, fueron magos, o bien pensadores influidos por ideas procedentes de la magia. Una edición óptima fue organizada bajo K’ang Hi bajo el título: Chou I Che Chung, que presenta el texto y las alas por separado y, además, los mejores comentarios de todas las épocas.
Info: Introducción al I-Ching, por Richard Wilhelm.
Traducción al español por D. J. Vogelmann. Editorial Sudamericana, Buenos Aires




