Archivos de la categoría Escrituras al margen

Bostezo

Nótese que los fantasmas no bostezan

Estoy hablando con alguien -con bastante interés- y mi interlocutor bosteza. Bosteza sin pudor y sin disimulo. Y el bostezo se instala entre nosotros, estirándose y tomando por asalto el rostro de mi interlocutor. A veces en silencio. Otras veces con un sonido mudo -el que hace la boca cuando se transforma en vehículo del vacío-. En esos instantes, tengo la impresión de que quien bosteza ya no es dueño de su rostro. De que su rostro fue tomado por otro, transformándose, deformándose en un gesto hueco.

Para mi sorpresa, mi interlocutor no hace nada por evitarlo. No se disculpa ni lo interrumpe. Ni siquiera se avergüenza.

A veces el bostezo va acompañado de un gesto: el de la mano que tapa la abertura de la boca. En ese caso, la mano es la parte conciente, racional, que intenta anular algo, aunque no sé bien qué.

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Festejo por la Toko 16

La presentación de la revista literaria Tokonoma 16, ayer en Eterna Cadencia, fue una fiesta. Fue tan esperada la revista, que los colaboradores la empezamos a leer parados o en las mesas. Como dijo Amalia Sato en su presentación, esta edición tiene algo diferente. Despertó en muchos de nosotros, cuentos, poemas, recuerdos. Lo que dispara la fotografía. Pero además, lo que despierta Japón.

Amalia adelantó que algunos habían elegido la misma foto. Pero no reveló el secreto. En la contratapa figuran las fotografías y quiénes la eligieron. Y allí está, el maniquí sin rostro, elegido por mí y por Victoria Lescano y Marcelo Higa.

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La tormenta de arena

La figura de las tormentas -y particularmente, la de la tormenta de arena– me parece más que interesante. En la literatura japonesa, pero también en el cine japonés, abundan las tormentas.

Recuerdo la impresión que me causó la tormenta de Rashomon, de Akira Kurosawa. La imagen de desolación de esa entrada y todo lo que la tormenta trae (o anuncia): algo se pierde, se termina, se va con ella. Quizás la decadencia de una época. En Kurosawa, la tormenta es como un fetiche, siempre está allí, es un modo de decir, un lenguaje, un tópico mudo.

Fui encontrando a otros escritores que trabajan con esas figuras. Por supuesto, uno es Murakami. Escribí ya sobre Kafka y su tormenta de arena. Es algo que comencé a trabajar y luego lo fui dejando. Y ahora vuelvo ahí. En Kafka, la tormenta de arena es la figura del destino. El destino como aquello ligado al azar.

Imposible no conectarlo con La mujer de la arena, de Kobo Abe. Precisamente ahora, estoy leyendo a Abe y pensando en esta figura de la arena en su novela.

“Arena: conjunto de partículas que proviene de la disgregación de los fragmentos de roca. Suele incluir calamita, estaño y raramente polvo de oro. Diámetro: de 2 a 1/16 mm.” (Abe, 1998: 19)

“(…) parece extraño que la arena sea arena donde se halle, y que no exista diferencia considerable entre el tamaño de los granos, así provengan de la playa de Enoshima o del desierto de Gobi; todos siguen una curva gaussiana de distribución de aproximadamente 1/8 mm.” (Abe, 1998: 20)

¿Qué significa la arena en la novela de Abe?

Parece ser la figura de la disgregación, de la desintegración, una masa con vida propia que todo lo destruye…

“Desde el momento en que hay vientos y corrientes de agua sobre la tierra, resulta inevitable la formación de la arena. Mientras los vientos soplen, los ríos corran y los mares se agiten, nacerá grano por grano la arena de la tierra, y como un ser viviente, se esparcirá por doquier. La arena nunca descansa. Silenciosa pero certeramente, invade y destruye la superficie del planeta…

Esta imagen de la arena que fluye constituyó un indescriptible y excitante impacto en el hombre. La aridez de la arena no se debe, como generalmente se piensa, a la simple sequedad, sino que parece producirse como consecuencia de un incesante movimiento que la convierte en inhóspita para todo ser viviente. ¡Qué diferencia con la monótona y pesada manera de vivir de los humanos, que exige estar constantemente aferrado a algo!” (Abe, 1998: 20)

Kobo Abe: La mujer de la arena, Madrid, Siruela, 1998 (traducción de Kazuya Sakai)

Nota sobre la tormenta en Kafka en la orilla