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La tormenta de arena

La figura de las tormentas -y particularmente, la de la tormenta de arena– me parece más que interesante. En la literatura japonesa, pero también en el cine japonés, abundan las tormentas.

Recuerdo la impresión que me causó la tormenta de Rashomon, de Akira Kurosawa. La imagen de desolación de esa entrada y todo lo que la tormenta trae (o anuncia): algo se pierde, se termina, se va con ella. Quizás la decadencia de una época. En Kurosawa, la tormenta es como un fetiche, siempre está allí, es un modo de decir, un lenguaje, un tópico mudo.

Fui encontrando a otros escritores que trabajan con esas figuras. Por supuesto, uno es Murakami. Escribí ya sobre Kafka y su tormenta de arena. Es algo que comencé a trabajar y luego lo fui dejando. Y ahora vuelvo ahí. En Kafka, la tormenta de arena es la figura del destino. El destino como aquello ligado al azar.

Imposible no conectarlo con La mujer de la arena, de Kobo Abe. Precisamente ahora, estoy leyendo a Abe y pensando en esta figura de la arena en su novela.

“Arena: conjunto de partículas que proviene de la disgregación de los fragmentos de roca. Suele incluir calamita, estaño y raramente polvo de oro. Diámetro: de 2 a 1/16 mm.” (Abe, 1998: 19)

“(…) parece extraño que la arena sea arena donde se halle, y que no exista diferencia considerable entre el tamaño de los granos, así provengan de la playa de Enoshima o del desierto de Gobi; todos siguen una curva gaussiana de distribución de aproximadamente 1/8 mm.” (Abe, 1998: 20)

¿Qué significa la arena en la novela de Abe?

Parece ser la figura de la disgregación, de la desintegración, una masa con vida propia que todo lo destruye…

“Desde el momento en que hay vientos y corrientes de agua sobre la tierra, resulta inevitable la formación de la arena. Mientras los vientos soplen, los ríos corran y los mares se agiten, nacerá grano por grano la arena de la tierra, y como un ser viviente, se esparcirá por doquier. La arena nunca descansa. Silenciosa pero certeramente, invade y destruye la superficie del planeta…

Esta imagen de la arena que fluye constituyó un indescriptible y excitante impacto en el hombre. La aridez de la arena no se debe, como generalmente se piensa, a la simple sequedad, sino que parece producirse como consecuencia de un incesante movimiento que la convierte en inhóspita para todo ser viviente. ¡Qué diferencia con la monótona y pesada manera de vivir de los humanos, que exige estar constantemente aferrado a algo!” (Abe, 1998: 20)

Kobo Abe: La mujer de la arena, Madrid, Siruela, 1998 (traducción de Kazuya Sakai)

Nota sobre la tormenta en Kafka en la orilla

Dos versiones de Rashomon

Rashomon es una película que trata la imposibilidad de llegar a una verdad última en relación con algo acontecido. El filme muestra hasta qué punto las diferentes narraciones acerca de un mismo suceso son fantasmáticas. Es preciso señalar una diferencia entre las versiones de Ryunosuke Akutagawa y Akira Kurosawa: el primero deja al lector frente a esa imposibilidad, no da respuestas. En cambio, Kurosawa le da al espectador elementos del mito para suplir esa falta de respuestas, para mitigarla.

La película fue filmada en los bosques de la prefectura de Nara (Japón) durante el año 1950 y dirigida por Akira Kurosawa y Kazuo Miyagawa (1). Se basa en dos cuentos (2) del escritor Ryunosuke Akutagawa (3): “En el bosque” (1922) y “Rashomon” (1915). En el guión del filme -realizado por Akira Kurosawa y Shinobu Hashimoto- se efectúan algunas modificaciones respecto de los cuentos originales. Por eso voy a referirme brevemente al cuento “En el bosque” y luego al filme.

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