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Los años de peregrinación del chico sin color

Es el nuevo libro de Haruki Murakami, editado por Tusquets. Novela que saldrá en octubre de 2013 en España y esperamos tenerla muy pronto en Argentina.

Haruki Murakami

Cuando Tsukuru Tazaki era adolescente, se sentaba durante horas en las estaciones para ver pasar los trenes. Ahora, con treinta y seis años, es un ingeniero que diseña y construye estaciones de ferrocarril y que lleva una vida tranquila, tal vez demasiado solitaria. Cuando conoce a Sara, una mujer por la que se siente atraído, empieza a plantearse cuestiones que creía definitivamente zanjadas. Entre otras, un traumático episodio de su juventud: cuando iba a la universidad, el que fue su grupo de amigos desde la adolescencia cortó bruscamente, sin dar explicaciones, toda relación con él, y la experiencia fue tan dolorosa que Tsukuru incluso acarició la idea del suicidio. Ahora, dieciséis años después, quizá logre averiguar qué sucedió exactamente. Ecos del pasado y del presente, pianistas capaces de predecir la muerte y de ver el color de las personas, manos de seis dedos, sueños perturbadores, muchachas frágiles y muertes que suscitan interrogantes componen el paisaje, pautado por las notas de Los años de peregrinación de Liszt, por el que Tsukuru viajará en busca de sentimientos largo tiempo ocultos. Decididamente, le ha llegado la hora de subirse a un tren.

Leer un adelanto de la novela

Fuente: TusQuets editores

El Japón de Murakami – Carlos Rubio

Un libro recomendado -a pesar de no haberlo leído- no sólo por su tema, sino por su escritor. Esta entrada podría etiquetarse también “libros que me gustaría leer”.

El Japón de Murakami, de editorial Aguilar

A través de la visión de Carlos Rubio, uno de los mejores especialistas en literatura japonesa, el lector conocerá y descubrirá de forma amena aspectos de la cultura y de la sociedad de Japón mientras asiste a un recorrido por la poética de uno de los novelistas más aclamados de los últimos tiempos.

Fragmento del libro El Japón de Murakami

Fuente: www.librosaguilar.com

La tormenta de arena

La figura de las tormentas -y particularmente, la de la tormenta de arena– me parece más que interesante. En la literatura japonesa, pero también en el cine japonés, abundan las tormentas.

Recuerdo la impresión que me causó la tormenta de Rashomon, de Akira Kurosawa. La imagen de desolación de esa entrada y todo lo que la tormenta trae (o anuncia): algo se pierde, se termina, se va con ella. Quizás la decadencia de una época. En Kurosawa, la tormenta es como un fetiche, siempre está allí, es un modo de decir, un lenguaje, un tópico mudo.

Fui encontrando a otros escritores que trabajan con esas figuras. Por supuesto, uno es Murakami. Escribí ya sobre Kafka y su tormenta de arena. Es algo que comencé a trabajar y luego lo fui dejando. Y ahora vuelvo ahí. En Kafka, la tormenta de arena es la figura del destino. El destino como aquello ligado al azar.

Imposible no conectarlo con La mujer de la arena, de Kobo Abe. Precisamente ahora, estoy leyendo a Abe y pensando en esta figura de la arena en su novela.

“Arena: conjunto de partículas que proviene de la disgregación de los fragmentos de roca. Suele incluir calamita, estaño y raramente polvo de oro. Diámetro: de 2 a 1/16 mm.” (Abe, 1998: 19)

“(…) parece extraño que la arena sea arena donde se halle, y que no exista diferencia considerable entre el tamaño de los granos, así provengan de la playa de Enoshima o del desierto de Gobi; todos siguen una curva gaussiana de distribución de aproximadamente 1/8 mm.” (Abe, 1998: 20)

¿Qué significa la arena en la novela de Abe?

Parece ser la figura de la disgregación, de la desintegración, una masa con vida propia que todo lo destruye…

“Desde el momento en que hay vientos y corrientes de agua sobre la tierra, resulta inevitable la formación de la arena. Mientras los vientos soplen, los ríos corran y los mares se agiten, nacerá grano por grano la arena de la tierra, y como un ser viviente, se esparcirá por doquier. La arena nunca descansa. Silenciosa pero certeramente, invade y destruye la superficie del planeta…

Esta imagen de la arena que fluye constituyó un indescriptible y excitante impacto en el hombre. La aridez de la arena no se debe, como generalmente se piensa, a la simple sequedad, sino que parece producirse como consecuencia de un incesante movimiento que la convierte en inhóspita para todo ser viviente. ¡Qué diferencia con la monótona y pesada manera de vivir de los humanos, que exige estar constantemente aferrado a algo!” (Abe, 1998: 20)

Kobo Abe: La mujer de la arena, Madrid, Siruela, 1998 (traducción de Kazuya Sakai)

Nota sobre la tormenta en Kafka en la orilla