Conferencia dictada el 11 de octubre de 2012 en el Centro Cultural e Informativo de la Embajada del Japón, Bs. As., Argentina
Voy a hablarles de una directora japonesa que hace un cine singular. Desde hace unos años me dedico a investigar cierto sector del cine japonés, especialmente sigo de cerca la obra de Naomi Kawase. En esta conferencia, me gustaría transmitirles lo que tiene de singular este cine, lo que tiene de poético y de universal, que hace que sus películas nos lleguen al corazón del ser, atravesando todas las barreras del idioma -eso produce el cine de Kawase-. Y no lo produce por casualidad. Hay dos aspectos que voy a resaltar hoy. El primero es la relación entre lo que tiene nombre y lo que no tiene nombre, de una manera un poco esquemática lo menciono así. La segunda es la relación entre la biografía de Kawase y el cine de Kawase. También se podría decir, la relación entre el cine y los recuerdos.
Respecto del primer punto, estarán de acuerdo conmigo en que las cosas del mundo tienen nombres y el nombre es algo que les da presencia y existencia a todas las cosas. Esto es algo que a Kawase le interesa particularmente. La importancia de las cosas que tienen nombre y, por lo tanto, existencia en el mundo: las nubes, los tulipanes, la ropa colgada en una soga. Es la alegría de lo cotidiano. Y es lo que, en principio, vamos a apreciar en sus filmaciones.
Pero en el mundo también hay cosas que no tienen visibilidad, me atrevería a decir, cosas que no pueden nombrarse -o que no pueden filmarse- como la muerte… yo las llamo “cosas sin nombre” porque aunque intentemos nombrarlas siempre se nos escapan y no las comprendemos… esas otras cosas también están presentes en todas sus películas, están presentes como pueden estarlo: como ráfagas, como algo mudo, como algo escurridizo, como imágenes fuera de foco, como superposición de imágenes, como un eco lejano.
Es muy interesante apreciar cómo estos dos aspectos que nos constituyen a los seres humanos, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte, las cosas que pueden nombrarse y las que no tienen nombre, se enlazan y conviven de una manera poética en su cine. Esto no es algo sencillo de producir. La convivencia de esos dos elementos heterogéneos de lo humano no es sin conflicto.
Tengo que decirles, a quienes no la conocen aún, que no se engañen, porque van a ver imágenes muy bellezas y simples. Pero estamos frente a un cine complejo. Es que las cosas sencillas existen con sus nombres y nos dan alegría pero no podemos evitar que en ellas se cuele o anide algo que no tiene nombre, algo que no se entiende. Esa conjunción genera un movimiento y una temporalidad especial en sus películas (¡y en la vida misma!). Porque el tiempo de las cosas que se nombran es constante, heterogéneo, parece circular: todos los días, al levantarnos, vemos el cielo, a veces tiene nubes, otras veces está limpio y luminoso. Creo que todos, sin darnos cuenta, en algún momento del día nos detenemos a mirar el cielo. Es algo natural. Pero hay hechos que tienen otra temporalidad, cosas inesperadas que pueden irrumpir en el día y hacer que ese día se acelere abruptamente o de detenga.
El segundo punto que les mencioné es la biografía. Podría decirse que Kawase eligió como punto de partida para hacer cine, su historia. Todas sus películas -tanto los documentales como las películas de ficción- tienen como material elementos tomados de su historia. Por eso es tan difícil hacer esta separación (documentales / ficción), es una división que es muy difícil de trazar. Pero inclusive, su historia es tomada no tanto por los hechos que le pasaron sino por aquellos sucesos que no conoce, por los puntos opacos, desconocidos de su historia; los agujeros de su historia. En especial, eligió filmar aquellos recuerdos que no tuvo, experiencias que no pudo vivir con sus padres quienes se divorciaron antes de que ella cumpliera dos años. Voy a contarles entonces algunas cosas de su biografía.
Kawase nació el 30 de mayo de 1969 en la ciudad de Nara, Japón. Como su madre no pudo hacerse cargo de ella, fue criada por su tía abuela y el esposo. Ellos la adoptaron desde muy chica. No tenían hijos así que la criaron como su propia hija-nieta. Naomi les llamaba abuelos. Sus referencias a la infancia son las de un periodo muy feliz. Esa relación estrecha con sus abuelos fue esencial en su vida y en su cine. Pero también lo será la búsqueda de la identidad, la superación de una inseguridad que ella misma atribuye al hecho de no saber quién fue su padre.
